Sin correspondencia

 

Sarajevo05

 

 

Tengo el barrunto de que Mapplethorpe, antes que nada, tenía un ramalazo cursi muy acusado. Un sentido de la belleza bastante biscuit.

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No consigo entender qué significa “no quiero pintar el siglo XIX“. Es pueril recordar que todos somos hijos de nuestro tiempo, que nadie escapa a esa tiranía por más que lo intente. Buonarroti no quería ser renacentista sino griego (y lo intentaba desesperadamente). Da Vinci dudaba si sería Zeuxis o Apeles y, como poco, Parrasio. Por su parte Velázquez quería ser Tiziano, el ídolo de los Austrias.

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Ni fanáticos, ni imbéciles ni clérigos. Tampoco esa gente tan especial que llaman intelectuales, transidos de ego. Los mejores gobernantes son las personas escépticas que no han perdido del todo la fe en la especie. Los militares, aunque se diga lo contrario por imperativo democrático, pueden ser útiles para el retorno al orden, siempre que no sean ninguna de las cuatro cosas antedichas. Útiles en la medida que lo puede ser una catástrofe natural.

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Ya es demasiado tarde. A los 35 pude instalarme en Francia junto a personas que se interesaban por mi trabajo. Tomé una decisión y, aunque de nada sirve arrepentirse y no lo lamento, no puedo evitar cierta desazón al pensar cómo hubiese sido mi vida y la de los míos.

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La sesentena es una plaga mortal. En los medios salen los famosos pero te cansas de dar el pésame y de perder gente cuyo paso por la calle reconfortaba al saludarla y su vacío produce desasosiego.

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Qué sería de este blog si en cada entrada no mentase a Stalin y los suyos, ahora Carrillo. La vida tiene estas cosas: las dos palabras favoritas de ambos fueron democracia y libertad. No sé, a mí me molesta.

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El mayor logro del monoteísmo ha sido combatir con relativo éxito a la idolatría. Tendemos a ella y, en cuanto nos dejan un rato sin vigilancia, nos montamos un becerro de lo que sea, incluso de nada.

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Datos contrastables. En la España de 1945 había 280.000 empleados públicos para una población de 26 millones de habitantes. El gasto público se mantuvo en una horquilla del 10 al 15 por ciento del PIB. La pregunta es si no hemos hecho mucho más Estado del que nos corresponde.