Singular y plural

 

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“Yo, que he sido muchos” es una frase que ha gozado de fortuna literaria aunque no sé exactamente si fue Borges quien primero la utilizó de otro modo pues, de hecho, pertenece al acervo psicoanalítico.*

Lo que quiero decir es que, si bien lo que veo como la máxima sabiduría emocional consiste en hacer de la vida un presente continuo, es cierto que -como las capas de los cuadros clásicos revelan al microscopio- tal presente se compone de estratos. En propiedad, desde el punto de vista de la personalidad emocional no sólo se puede utilizar el “he sido muchos” sino también el presente, “soy muchos”.

Y como el individuo, también la pareja; y al igual que aquél ha de buscar dentro de sí lo que el autor de Peter Pan recomienda, una pareja puede encontrar de nuevo todo aquello que los hizo felices y unió estrechamente. Pero hay una condición ineludible: para poder bucear hay que haber sido pues es inútil el esfuerzo cuando la relación fue un chisporroteo en la nada y después silencio.

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Sigo con el libro de los talibanes en esta mañana de calor que aprovecho para que sequen los cuadros en marcha y poder abordar el acabado en alguno de ellos. Decía en la anterior entrada que un compañero de foro me rebatió la evidencia de que, en los comienzos del Talibán, hubo un decidido apoyo por parte de USA. Fue así pues el declarado anticomunismo de aquellos feroces estudiantes coránicos, alumnos de mulás enloquecidos, convenía a los intereses norteamericanos. Tal interés coincidía con el de Pakistán, que deseaba limpiar las rutas que seguían sus mercancías hasta los países asiáticos de la antigua Unión Soviética. Los jefes tribales y militares colocaban cadenas en las carreteras obligando a pagar peajes a los camioneros, haciendo imposible el comercio. Pakistán encontró un formidable aliado en el Talibán y USA canalizó la entrega de armamento a través de aquel país que, junto a Arabia Saudí -que aportó medios económicos y servicio secreto-, encendió de nuevo la mecha del todos contra todos que la invasión soviética había aplazado mientras duró.

Suele pasarle a los norteamericanos que el niño les sale monstruo a las primeras de cambio y han de emplear medios superiores a los que permitieron su creación para eliminarlo. Tal sucedió con el Talibán, una vez que vieron las dimensiones reales de la criatura que habían puesto en marcha. Y no me refiero sólo a que los fanáticos permitieran campos de entrenamiento de terroristas sino a la campaña genocida que estaban llevando a cabo contra quienes no participaban de sus ideas, cebándose especialmente en niños y mujeres. Leer el relato de los hechos es una dura experiencia y es inevitable celebrar que alguien se diera cuenta de lo que estaba sucediendo y decidiese pararlo.

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Un proverbio persa citado por el autor de Los Talibanes: “Cuando todo el mundo está buscando una silla para sentarse, es mejor hacerlo en el suelo.”

A tanta sabiduría hay que contraponer este otro, terrible, que dice: “Si las mujeres fuesen buenas, Dios tendría una.”

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Aunque parece haber pasado el tiempo de Freud y ya no goza de aquel prestigio que permitió a quienes sumaron psicoanálisis y marxismo explicar el mundo, como forma parte de mis lecturas juveniles es inevitable que surjan referencias y retazos en forma de recuerdos. En  tal sentido, hay que recomendar vivamente su trabajo sobre la psicopatología en la vida cotidiana, muy esclarecedor. Hay cosas en el sabio judío vienés que se resisten a ser enterradas.

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Cada vez es más frecuente oír en las charlas de café la comparación entre Hitler y Merkel. Parece extenderse la idea de que la líder alemana ha cumplido el sueño hitleriano a la chita callando, sin alardes ni genocidios. Europa es suya y sus tornillos, aunque no pueden comerse, valen mucho más que nuestros tomates. Conseguir eso tiene sus complicaciones, viene a ser lo que comentaba el pintor Antonio López ante uno de esos enormes cuadros de Historia, tan desdeñados por pintores que no saben hacer una o con un canuto: “Esto hay que pintarlo.”

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Cada vez que pongo un telediario oigo a los gobernantes hablar de lo que van a hacer y todo parece inminente. El asunto es que la realidad no parece moverse y eso me recuerda algo que me hizo mucha gracia hace años, leído en cierto autor francés que decía: “Son como esos personajes de la ópera que cantan ¡Adelante! a pleno pulmón sin moverse ni un milímetro.”

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El miedo a la muerte carece de sentido y, al igual que los tratamientos eficaces contra las fobias consisten en exponerse a ellas para superarlas, pensar en nuestra finitud sin tristezas tóxicas suele dar buenos resultados. Nada mejor, para ello, que darnos cuenta de que poseemos conciencia de ser pero no de no ser. Y si somos no podemos dejar de ser aunque sea bajo otras condiciones. La vida, como nos demuestra la ciencia, puede modificarse pero no anularse.

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Se celebraba ayer en Madrid la fiesta del orgullo homosexual, algo que no entiendo en su planteamiento pues soy contrario a cualquier manifestación que tenga como protagonista a la identidad.

Parece estéril tanto reivindicar un supuesto orgullo homosexual como oponerse a las adopciones de niños por individuos pertenecientes a esa identidad sexual. Desde que los niños de bote son posible, es ponerle puertas al campo. Hace unos días aparecía en un diario regional que un conocido cantante que se declara homosexual (y a quién le importa) es padre de unos niños a través de vientres de alquiler fertilizados con su semen. Es más que razonable que así sea y sólo energúmenos como los talibanes estarían en condiciones de crear una policía de dormitorios para vigilar que se practique lo que la mayoría de la humanidad entendemos como prácticas correctas.

Hay un tenso debate en el seno de la Iglesia Católica sobre la homosexualidad y no parece que vaya a aclararse en bastante tiempo. No es cierto que la Iglesia considere pecadores per se a individuos con tal identidad pero sí que se confunde la jerarquía eclesiástica al recomendar la abstinencia y el arrepentimiento. Son puntos de vista fundamentalistas que persisten en el seno de la Iglesia y que, como todo fundamentalismo, olvida que no se puede ir contra la naturaleza de los seres, es decir, contra lo que Dios ha creado. Se puede argumentar que también existe el Mal y hay que combatirlo pero en tal caso se habrían equivocado las categorías. No se elige ser heterosexual u homosexual, no es cuestión volitiva sino predeterminada y ante la que nada puede hacerse. Tampoco se resuelve cosa alguna con la abstinencia pues lo propio de nuestra naturaleza humana, una parte integral, es la sexualidad. Tiene sentido que las personas dedicadas a la religión se abstengan, por razones evidentes que sería prolijo enumerar, pero no se debería exigir tal sacrificio a los demás. Lo propio sería demandar, por parte de la Iglesia, una sexualidad correcta (dentro de su variedad) a los católicos. No es ser más papista que el Papa, tal vez todo lo contrario.

 

*Señala mi amigo Alejandro Gonzalez Terriza al respecto: “Por de pronto, tiene un eco teológico (‘Nuestro nombre es Legión, porque somos muchos’) y rimbaudiano (‘Yo es otro’).”